
por Clr PS Analia Forti
Si bien el diálogo socrático fué desarrollado por el filósofo Sócrates en la antigua Grecia, cuando mediante preguntas y cuestionamientos buscaba la reflexión del interlocutor, teniendo como objetivo que este tuviera en cuenta otros puntos de vista (diferentes al sostenido por él), ampliando así el conocimiento y dando a luz una verdad, Viktor Frankl es quien ha desarrollado el diálogo en un sentido socrático, como parte fundamental de su método psicoterapéutico, que es la Logoterapia.
La logoterapia se centra en que la persona se haga consciente de su propia libertad de decisión, respondiendo ante sí misma por su vida y asumiendo la angustia que la libertad conlleva.
Esta responsabilidad se relaciona con el estar abierto al mundo de manera auténtica, con los valores y con encontrarle un sentido a la vida.
En Logoterapia, el diálogo socrático, forma parte del estilo del encuentro terapéutico y por medio de preguntas, señalamientos y descripciones, se ayuda al consultante a tomar consciencia de su libre voluntad, facilitándole que dé respuestas por sí mismo a lo que la vida le plantee.
Una vez que el consultante se hace consciente de su libre voluntad, puede utilizar sus posibilidades para una vida más auténtica y plena de sentido.
El diálogo socrático en Logoterapia es el instrumento que emplea el facilitador en búsqueda del sentido.
El diálogo socrático, al confrontar al consultante con su actitud inauténtica e irresponsable, utiliza la ironía y la ingenuidad, para facilitarle la consciencia de lo limitante de su actitud, poniendo en jaque su postura actual.
Para que el encuadre logoterapéutico resulte adecuado, es precisa por parte del facilitar una actitud socrática, frente a sí mismo y frente al consultante (predominando la autenticidad y la disposición amorosa de entrega al otro). El facilitador debe tener el corazón abierto hacia la persona del consultante y acogerlo en su sufrimiento, confirmándolo no solo en su aquí y ahora, sino también en sus posibilidades de ser. La técnica debe ir acompañada de la actitud amorosa.
En mi experiencia profesional en consultorio, he comprobado que la logoterapia y el diálogo socrático, facilitan la consciencia de la propia libertad del consultante.
He comprobado como el abordaje confrontacional del diálogo socrático, moviliza al consultante a llegar a ser una mejor versión de sí mismo, cuando hay aceptación, tolerancia y respeto por parte del facilitador a los ritmos y tiempos del consultante y del proceso en sí mismo.
La persona del facilitador aprende a confiar en la persona del consultante, con todo lo que trae y con su ser posible. En tanto el consultante, al ir confiando en la persona del facilitador se vá permitiendo salir al mundo dejándose ver, aún con la angustia del dejarse ver pero saliendo al encuentro del que tiene enfrente.
Estoy convencida desde mi experiencia, que el diálogo socrático, con todos sus aspectos metodológicos y actitudinales ( actitud socrática, pregunta socrática, señalamiento socrático), resultan claves para disparar en el consultante nuevas captaciones de la realidad y lograr cambios profundos de actitud con menor temor, permitiendo que el consultante se abra a la experiencia de la búsqueda del sentido.
Clr PS Analia Forti
Mi agregado:
MAYÉUTICA: Término procedente del griego "maieutiké techné" (el arte de la comadrona) que fue utilizado por Platón para referirse a la segunda fase del método de investigación de Sócrates, comparando el arte de las comadronas con esta fase del método socrático, con la que pretendía ayudar a dar a luz a la verdad.
El método socrático era un método práctico basado en el diálogo, que constaba de dos fases: la ironía y la mayéutica , y con el que, a través del razonamiento inductivo, se podría esperar alcanzar la definición universal de los términos objeto de investigación. Con la ironía Sócrates pretendía hacer ver a su interlocutor su ignorancia, condición para poder investigar algo. Con la mayéutica, buscar una definición cada vez más universal del objeto de investigación, es decir, dar a luz a la verdad.
Consultoria Psycologica
La AUTORREVELACION del terapeuta como una forma de CONGRUENCIA en Counseling
sábado, septiembre 02, 2017
La autorrevelación ha sido definida como: “la revelación personal o de información relacionada a reacciones o respuestas hacia el cliente que surgen por parte del terapeuta durante la sesión”, es decir, se trata de intervenciones en las que el psicólogo habla abiertamente sobre hechos de su biografía u sobre aquello que se está tratando en la sesión. Aclarar, que la autorrevelación, siempre tiene una finalidad terapéutica, sino, se trata simplemente de desahogo por parte del terapeuta. Dependiendo del modelo de psicoterapia, las autorrevelaciones son algo que han sido censuradas, encuadradas o fomentadas.
Así, los psicoanalistas más ortodoxos catalogan la autorrevelación dentro de lo que denominan “contratransferencia”, entendiendo por ella el proceso en el que el psicólogo proyecta en el otro sentimientos propios, rompiendo así la finalidad de ser un lienzo en blanco, una figura neutral, en la que el paciente pueda proyectar sus conflictos inconscientes, lo que requiere por tanto una neutralidad por parte del psicoanalista. Si bien es cierto, que Kohut, un afamado psicoanalista, criticó este papel de experiencia distante y propuso una experiencia cercana en la relación psicoterapeuta-paciente que puede dar más lugar a este tipo de intervenciones, para fomentar fundamentalmente el clima empático y la apertura del paciente a recibir las interpretaciones.
A VECES, LOS PACIENTES ESTÁN MUY ENFRASCADOS EN SU NARRATIVA O PERCEPCIÓN DE LAS COSAS, Y VERLAS CON DISTANCIA EN UNA SITUACIÓN AJENA LES AYUDA A FUNCIONAR DE FORMAS DIFERENTES
Las terapias cognitivo-conductuales consideran la autorrevelación como algo útil y sobre todo enfocado a las funciones de reforzamiento y modelado ante determinadas técnicas terapéuticas. Para Goldfried o Hill y Knox, el psicólogo que trabaja desde este marco suele emplear la autorrevelación para expresar su opinión sobre la adherencia o el desarrollo del paciente ante determinadas técnicas “Creo que lo estás haciendo muy bien” “me pareces muy valiente”… o para narrar experiencias propias en las que existe un modelado sobre formas de interpretar una realidad o sobre formas de actuar. A veces, los pacientes están muy enfrascados en su narrativa o percepción de las cosas, y verlas con distancia en una situación ajena les ayuda a funcionar de formas diferentes. Ellis también las señala como forma de crear “rapport” y un aprendizaje mutuo sobre como sobrellevar los problemas comunes.
Para las psicoterapias humanistas, la autorrevelación se convierte en uno de los pilares de la intervención, bien porque desde un enfoque rogeriano es una de las actitudes del terapeuta imprescindibles para el cambio o bien porque desde lo gestáltico se entiende que la simpatía del psicoterapeuta aporta validez ecológica a la intervención, ya que el psicólogo no es ajeno al proceso experiencial de la psicoterapia. La autorrevelación puede ser además una experiencia emocional correctora, en la que el paciente perciba en la figura del terapeuta una respuesta emocional adaptativa que no recibió cuando la necesitaba, por ejemplo, un paciente que cuenta una historia de abuso en la que nadie le protegió, sintiendo que su dolor no le importa a nadie, y el psicoterapeuta le confiesa que siente rabia hacia quien abusó de él, ayudando a darle lo que necesitaba al propio paciente como paso previo al autosoporte.
Este, ha sido uno de los grandes debates de la psicoterapia. Los que están a favor de las autorrevelaciones, postulan que es evidente que el psicólogo siente y vibra en la relación terapéutica, y que los contenidos de los temas tratados le conectan con aspectos de su propia historia biográfica, que, dado que es imposible no sentir hacia el otro, lo mejor es ponerlo encima de la mesa y tratarlo con honestidad, empleándolo como una herramienta terapéutica más. También es frecuente argumentos entorno a la reciprocidad en las relaciones humanas, de modo que es difícil pedirle a un paciente que se abra enormemente y contarle toda su intimidad a un profesional, si este al menos, no lo hace un poco también.
Otro de los grandes argumentos a favor de este tipo de intervenciones es a favor de la empatía y la creación de una buena alianza terapéutica paciente-psicólogo. Las autorrevelaciones ayudan a que el terapeuta se perciba como una figura más humana y cercana. Algunos incluso cuestionan la utilidad y la validez ecológica (aplicación fuera de la consulta y generabilidad) de una relación en la que uno de los miembros no expresa sus sentimientos, algo que no ocurre en las relaciones reales del paciente en el mundo exterior.
Los detractores de las autorrevelaciones por el contrario, postulan que el terapeuta debe mostrarse como objetivo, evitando que sus propias emociones o distorsiones emerjan, ya que el paciente recurre al profesional como un experto y quiere aprender de su mayor conocimiento técnico y científico. Por otro lado, creen que el rol del experto del psicólogo, en quien el paciente deposita su confianza puede verse mermado si aparece en terapia la parte más humana del psicoterapeuta, lo que puede quitar parte de ese efecto experto, que consideran beneficioso para el tratamiento.
ES EVIDENTE QUE EL PSICÓLOGO SIENTE Y VIBRA EN LA RELACIÓN TERAPÉUTICA
También señalan que, para poder generar nuevas formas de funcionamiento, hacen falta nuevas formas de relación, de ahí el aporte que supone que el psicólogo no exprese datos de su vida personal o sentimientos. Otros añaden además que con las autorrevelaciones se corra el riesgo de que sea el psicoterapeuta el que busque desahogar su propio malestar, o que el paciente entre en preguntarle entorno a su vida y el foco de las sesiones se aleje de los problemas que atañen al paciente. La autorrevelación también puede implicar el riesgo de que el paciente desapruebe algunos de las revelaciones del terapeuta, lo que provoque una ruptura en la alianza terapéutica y en la confianza hacia el psicólogo como profesional cualificado para ayudarle con sus problemas.
Investigación sobre Autorrevelaciones en psicoterapia
Alianza Terapéutica. Orlinsky, Grawe y Parks demostraron tras la revisión de 132 investigaciones la existencia de una gran consistencia entre el empleo de autorrevelaciones y el establecimiento de una mejor alianza terapéutica. Esto es importante, pues como demostró Lambert y ha sido confirmado en investigaciones posteriores, la Alianza Terapéutica es el mayor predictor de éxito de una psicoterapia y la mayor variable explicativa en el cambio de los pacientes, por delante de la técnica (36%-15%).
Otra investigación de Teyber señala que las autorrevelaciones reducen el nivel de ansiedad ante la propia situación de terapia o que, como demostró Beitman y Yue es particularmente útil para lograr la involucración en la terapia de pacientes más reactivos.
Pero no sólo parece que influya en la implicación o tranquilidad en la terapia, sino que tanto las terapias de larga duración como de corta duración son más exitosas cuando hay autorrevelaciones, tal y como postulan varias investigaciones. Destacar entre estas las de Barret y Berman que señalan que si durante las cuatro primeras sesiones hay autorrevelaciones como reacción a información revelada por el paciente esto lleva a una reducción de los síntomas.
LAS TERAPIAS DE LARGA DURACIÓN COMO DE CORTA DURACIÓN SON MÁS EXITOSAS CUANDO HAY AUTORREVELACIONES
Sin embargo, en el tema que parece haber investigaciones más solidas sobre la eficacia de las autorrevelaciones, es en la percepción de la competencia y cercanía de la figura del psicólogo por parte del paciente o de la influencia de la autorrevelación en el éxito de la terapia.
Así los pacientes suelen señalar las autorrevelaciones como muy beneficiosas para el efecto de la psicoterapia o que los psicólogos que empleaban autorrevelaciones solían ser percibidos como más humanos y reales, pero sobre todo como más empáticos, creíbles y expertos.
También parece que una buena alianza modula la utilidad de las autorrevelaciones, así cuando la alianza es fuerte, las autorrevelaciones hacían que los pacientes perciban las sesiones como más profundas y de ayuda y al psicólogo como más experto, cuando la alianza era negativa, los resultados eran contrarios.
Artículo previamente publicado en Aprende Viendo Terapia
Así, los psicoanalistas más ortodoxos catalogan la autorrevelación dentro de lo que denominan “contratransferencia”, entendiendo por ella el proceso en el que el psicólogo proyecta en el otro sentimientos propios, rompiendo así la finalidad de ser un lienzo en blanco, una figura neutral, en la que el paciente pueda proyectar sus conflictos inconscientes, lo que requiere por tanto una neutralidad por parte del psicoanalista. Si bien es cierto, que Kohut, un afamado psicoanalista, criticó este papel de experiencia distante y propuso una experiencia cercana en la relación psicoterapeuta-paciente que puede dar más lugar a este tipo de intervenciones, para fomentar fundamentalmente el clima empático y la apertura del paciente a recibir las interpretaciones.
A VECES, LOS PACIENTES ESTÁN MUY ENFRASCADOS EN SU NARRATIVA O PERCEPCIÓN DE LAS COSAS, Y VERLAS CON DISTANCIA EN UNA SITUACIÓN AJENA LES AYUDA A FUNCIONAR DE FORMAS DIFERENTES
Las terapias cognitivo-conductuales consideran la autorrevelación como algo útil y sobre todo enfocado a las funciones de reforzamiento y modelado ante determinadas técnicas terapéuticas. Para Goldfried o Hill y Knox, el psicólogo que trabaja desde este marco suele emplear la autorrevelación para expresar su opinión sobre la adherencia o el desarrollo del paciente ante determinadas técnicas “Creo que lo estás haciendo muy bien” “me pareces muy valiente”… o para narrar experiencias propias en las que existe un modelado sobre formas de interpretar una realidad o sobre formas de actuar. A veces, los pacientes están muy enfrascados en su narrativa o percepción de las cosas, y verlas con distancia en una situación ajena les ayuda a funcionar de formas diferentes. Ellis también las señala como forma de crear “rapport” y un aprendizaje mutuo sobre como sobrellevar los problemas comunes.
Para las psicoterapias humanistas, la autorrevelación se convierte en uno de los pilares de la intervención, bien porque desde un enfoque rogeriano es una de las actitudes del terapeuta imprescindibles para el cambio o bien porque desde lo gestáltico se entiende que la simpatía del psicoterapeuta aporta validez ecológica a la intervención, ya que el psicólogo no es ajeno al proceso experiencial de la psicoterapia. La autorrevelación puede ser además una experiencia emocional correctora, en la que el paciente perciba en la figura del terapeuta una respuesta emocional adaptativa que no recibió cuando la necesitaba, por ejemplo, un paciente que cuenta una historia de abuso en la que nadie le protegió, sintiendo que su dolor no le importa a nadie, y el psicoterapeuta le confiesa que siente rabia hacia quien abusó de él, ayudando a darle lo que necesitaba al propio paciente como paso previo al autosoporte.
Este, ha sido uno de los grandes debates de la psicoterapia. Los que están a favor de las autorrevelaciones, postulan que es evidente que el psicólogo siente y vibra en la relación terapéutica, y que los contenidos de los temas tratados le conectan con aspectos de su propia historia biográfica, que, dado que es imposible no sentir hacia el otro, lo mejor es ponerlo encima de la mesa y tratarlo con honestidad, empleándolo como una herramienta terapéutica más. También es frecuente argumentos entorno a la reciprocidad en las relaciones humanas, de modo que es difícil pedirle a un paciente que se abra enormemente y contarle toda su intimidad a un profesional, si este al menos, no lo hace un poco también.
Otro de los grandes argumentos a favor de este tipo de intervenciones es a favor de la empatía y la creación de una buena alianza terapéutica paciente-psicólogo. Las autorrevelaciones ayudan a que el terapeuta se perciba como una figura más humana y cercana. Algunos incluso cuestionan la utilidad y la validez ecológica (aplicación fuera de la consulta y generabilidad) de una relación en la que uno de los miembros no expresa sus sentimientos, algo que no ocurre en las relaciones reales del paciente en el mundo exterior.
Los detractores de las autorrevelaciones por el contrario, postulan que el terapeuta debe mostrarse como objetivo, evitando que sus propias emociones o distorsiones emerjan, ya que el paciente recurre al profesional como un experto y quiere aprender de su mayor conocimiento técnico y científico. Por otro lado, creen que el rol del experto del psicólogo, en quien el paciente deposita su confianza puede verse mermado si aparece en terapia la parte más humana del psicoterapeuta, lo que puede quitar parte de ese efecto experto, que consideran beneficioso para el tratamiento.
ES EVIDENTE QUE EL PSICÓLOGO SIENTE Y VIBRA EN LA RELACIÓN TERAPÉUTICA
También señalan que, para poder generar nuevas formas de funcionamiento, hacen falta nuevas formas de relación, de ahí el aporte que supone que el psicólogo no exprese datos de su vida personal o sentimientos. Otros añaden además que con las autorrevelaciones se corra el riesgo de que sea el psicoterapeuta el que busque desahogar su propio malestar, o que el paciente entre en preguntarle entorno a su vida y el foco de las sesiones se aleje de los problemas que atañen al paciente. La autorrevelación también puede implicar el riesgo de que el paciente desapruebe algunos de las revelaciones del terapeuta, lo que provoque una ruptura en la alianza terapéutica y en la confianza hacia el psicólogo como profesional cualificado para ayudarle con sus problemas.
Investigación sobre Autorrevelaciones en psicoterapia
Alianza Terapéutica. Orlinsky, Grawe y Parks demostraron tras la revisión de 132 investigaciones la existencia de una gran consistencia entre el empleo de autorrevelaciones y el establecimiento de una mejor alianza terapéutica. Esto es importante, pues como demostró Lambert y ha sido confirmado en investigaciones posteriores, la Alianza Terapéutica es el mayor predictor de éxito de una psicoterapia y la mayor variable explicativa en el cambio de los pacientes, por delante de la técnica (36%-15%).
Otra investigación de Teyber señala que las autorrevelaciones reducen el nivel de ansiedad ante la propia situación de terapia o que, como demostró Beitman y Yue es particularmente útil para lograr la involucración en la terapia de pacientes más reactivos.
Pero no sólo parece que influya en la implicación o tranquilidad en la terapia, sino que tanto las terapias de larga duración como de corta duración son más exitosas cuando hay autorrevelaciones, tal y como postulan varias investigaciones. Destacar entre estas las de Barret y Berman que señalan que si durante las cuatro primeras sesiones hay autorrevelaciones como reacción a información revelada por el paciente esto lleva a una reducción de los síntomas.
LAS TERAPIAS DE LARGA DURACIÓN COMO DE CORTA DURACIÓN SON MÁS EXITOSAS CUANDO HAY AUTORREVELACIONES
Sin embargo, en el tema que parece haber investigaciones más solidas sobre la eficacia de las autorrevelaciones, es en la percepción de la competencia y cercanía de la figura del psicólogo por parte del paciente o de la influencia de la autorrevelación en el éxito de la terapia.
Así los pacientes suelen señalar las autorrevelaciones como muy beneficiosas para el efecto de la psicoterapia o que los psicólogos que empleaban autorrevelaciones solían ser percibidos como más humanos y reales, pero sobre todo como más empáticos, creíbles y expertos.
También parece que una buena alianza modula la utilidad de las autorrevelaciones, así cuando la alianza es fuerte, las autorrevelaciones hacían que los pacientes perciban las sesiones como más profundas y de ayuda y al psicólogo como más experto, cuando la alianza era negativa, los resultados eran contrarios.
Artículo previamente publicado en Aprende Viendo Terapia

El counseling es una disciplina con más de 30 años en el país, sin embargo aún hay quienes no conocen acerca de sus especificidades ¿Qué es el #counseling?

Sólo cuando has tocado fondo, encuentras la fuerza que te impulsa a trascender los patrones negativos en tu vida. En el fondo puedes encontrar recursos que antes no veías y que te servirán para construir la vida que hasta ahora sólo habías imaginado.
La Consultoría Psicológica es un espacio seguro en el que puedes llegar a profundidad en tus crisis, como un buzo que va atado por la cuerda al barco, sabiendo que no se perderá en el fondo del mar, por muy oscuro que parezca.
La Consultoría Psicológica es un espacio seguro en el que puedes llegar a profundidad en tus crisis, como un buzo que va atado por la cuerda al barco, sabiendo que no se perderá en el fondo del mar, por muy oscuro que parezca.

Uno acude a psicoterapia para descubrir todo aquello que desconoce aún sobre sí mismo, así tenga 90 años; para sumergirse en el profundo mar de su ser; para sorprenderse ante cada nuevo descubrimiento, como un niño que se sorprende y entusiasma al descubrir su reflejo ante el espejo por primera vez...

La teoría de la Personalidad de Rogers se caracteriza por destacar la incidencia en los aspectos dinámicos y de cambio. Los conceptos de “organismo” y “self’, son los pilares sobre los que se asienta dicha teoría.
El organismo se define como una totalidad gestáltica (una organización, una forma), integrada por aspectos físicos y psíquicos que conforman la estructura básica de la personalidad. Para Rogers, el organismo es el centro y lugar de toda experiencia;, es decir, el conjunto total de las experiencias (percepciones y significados), tanto simbolizadas (conscientes) como no simbolizadas (no conscientes). Estas últimas son consideradas por Rogers como experiencias que operan a un bajo nivel de conciencia; fenómeno que se denomina “subcepción”.
En su definición del “self’ o “sí mismo”, Rogers lo describe como un todo gestáltico y organizado de percepciones relativas a uno mismo, accesible a la conciencia, y que alude a las propias características y capacidades, al concepto de uno mismo en relación con los demás y al medio, a los valores, metas e ideales, percibidos positiva o negativamente por la persona (lo que creemos ser).
Entonces, Rogers nos habla de la TENDENCIA ACTUALIZANTE, esa tendencia a la actualización, autorrealización, mejoramiento del funcionamiento del organismo humano, innata, natural y fundamental en el desarrollo del self y en la dinámica de la personalidad. Para explicar el proceso de la formación del self, Rogers expone acerca de la necesidad de consideración positiva incondicional y la necesidad de autoestima.
A medida que comienza a surgir la conciencia de sí mismo, el niño desarrolla la necesidad de recibir afecto (consideración positiva) por parte de personas significativas. La necesidad de consideración positiva por parte de sus padres es una motivación poderosa, por lo que, para conseguir su satisfacción, el individuo puede llegar a descuidar experiencias positivas para su propia actualización y desarrollo.
De estas experiencias y la satisfacción o frustración de la necesidad de afecto, se desarrolla otra motivación, la necesidad de autoestima. El niño percibe que algunas de sus experiencias son aceptadas y evaluadas positivamente por sus padres que, en estas condiciones, le satisfacen su necesidad de amor, mientras otras experiencias merecen su reprobación. En función de esto, el niño va aprendiendo a valorarse a sí mismo (autoestima) del mismo modo que lo hacen los demás.
Es decir que el SELF estaba constituido por experiencias directamente vividas por la persona. Los criterios de valoración eran internos, “naturales” a la persona. Pero, a partir de ahora, en este proceso, el niño comienza a comportarse de acuerdo con unas condiciones de valor o mérito que ha incorporado a través de los otros. Así, a lo largo de la niñez, el self, se amplia y en consecuencia, el niño se estimará a sí mismo de un modo condicionado, según cumpla o no las condiciones de valor que vienen de otros.
Ésto va a generar una discrepancia con sus experiencias iniciales, (por ejemplo, un niño cuya imagen es de un niño bueno, pero que al mismo tiempo disfruta pegando a su hermano menor, por lo que será censurado por sus padres, se verá obligado para mantener su imagen y conseguir la aprobación paterna a rechazar este sentimiento gratificante considerándolo como algo censurable, independiente de su experiencia subjetiva).
Una vez que estas condiciones se incorporan al self, el niño comienza a percibir sus experiencias internalizadas. Las que coincidan con estas condiciones de valor serán percibidas conscientemente y correctamente simbolizadas; por el contrario, las experiencias que no coincidan con ellas van a ser vividas como amenazantes para el self al indicar una incongruencia entre lo que la persona experimenta y su autoimagen; para reducir esta discrepancia y mantener un estado de congruencia con uno mismo, la persona tiende a distorsionar o negar dichas experiencias, mediante malas percepciones.
Ahora bien qué diferencia hay entre PERCEPCIÓN y SUBCEPCIÓN?
La “subcepción significa “discriminación sin representación consciente”. Es decir, hace referencia a la capacidad del sujeto para percibir una amenaza sin ser consciente.
Surge en varias oportunidades el término EXPERIENCIA DE SÍ MISMO, que hace referencia a fenómenos que se refieren al yo y formaran lo que denomina ” la idea o imagen del yo”. Pero EL YO IDEAL es el conjunto de características que el sujeto querría poseer para describirse a sí mismo.
¿QUÉ PASA CON LA VULNERABILIDAD?
Es el estado de desacuerdo que puede existir entre el yo y la experiencia, esto pude llevar a un estado de desorganización psíquica.
ANGUSTIA:
Estado de malestar o tensión cuya causa el sujeto no conoce. Se produce porque el sujeto es consciente de que existe un conflicto entre su yo y la totalidad de su experiencia. Es la reacción del sujeto a la “subcepción” al peligro y a ese estado de desacuerdo.
Entonces puede existir un MAL FUNCIONAMIENTO PSÍQUICO que implique la deformación o de elementos de la experiencia importante. Esto supone que los elementos están mal representados y por lo tanto no se corresponde de forma total el yo y la experiencia dando lugar a tensiones, conflictos, etc.
Pueden así, actuar LA DEFENSA, LOS MECANISMOS DE DEFENSA, es decir, la reacción del organismo a la amenaza cuya intención es mantener la estructura del yo. La defensa actúa deformando la percepción, tratando de disminuir la diferencias entre el yo y la experiencia.
RIGIDEZ CONCEPTUAL: Es la forma de representar del sujeto en términos absolutos e incondicionales, es una forma defensiva de afrontar la amenaza.
APERTURA A LA EXPERIENCIA: Actitud que adopta el individuo a no experimentar amenaza, es decir, el sujeto no se defiende. En este tipo de personas hay una correspondencia absoluta entre el yo y las experiencias que se refieren al yo .
FUNCIONAMIENTO ÓPTIMO: Se da cuando la estructura del yo permite la integración simbólica de la totalidad de la experiencia. La terapia de Rogers representa la dirección a este funcionamiento.
MADUREZ PSÍQUICA: Se consigue cuando el sujeto percibe de modo diferenciado y realista. La persona es: responsable, valora , modifica su percepción ante lo nuevo, tiene sentimientos positivos, hay acuerdo interno, actitud abierta y madurez.
CENTRO DE VALORACIÓN: Son los criterios aplicados por el sujeto en la valoración de su experiencia. Si la fuente es externa, aplica la escala de valores de los demás.(locus externo).
VALORACIÓN ORGANÍSMICA: Un modo de valoración que no deja de evolucionar, de cambiar. Es la tendencia actualizante.
MARCO DE REFERENCIA INTERNO Y EXTERNO: Conjunto de experiencias ,sensaciones, percepciones, etc., disponibles en la conciencia del sujeto, en un momento dado. El interno sería el mundo subjetivo del individuo, el externo se percibe sin tener en cuenta el marco de referencia del objeto observado, hay ausencia de empatía.
EMPATÍA: Percibir el mundo subjetivo de los demás “como si” fuéramos ellos. Es decir, percibir la causa como el otro lo siente o percibe sin olvidar nunca ese “como sí”, condición importante porque si no, hablaríamos de identificación.
RELACIÓN DE AYUDA: Es aquella relación en la que al menos una de las partes intenta promover en el otro el desarrollo, la maduración y la capacidad de funcionar mejor y enfrentar la vida de manera más adecuada. El otro, en este contexto, puede ser un individuo o un grupo. En otras palabras, podríamos definir la relación de ayuda diciendo que es aquella en la que uno de los participantes intenta hacer surgir, de una o ambas partes, una mejor apreciación y expresión de los recursos latentes del individuo, y un uso más funcional de estos.
Siguiendo a C. Rogers, cabe decir que la relación de ayuda óptima sólo puede ser creada por un individuo psicológicamente maduro. Dicho de otra manera, él creía que su capacidad para crear relaciones que faciliten el desarrollo de otros como personas independientes es una función del desarrollo logrado por él mismo.

Todos tenemos la posibilidad de ser felices y sentirnos plenos con nosotros mismos y nuestro entorno. Pero muchas veces nos encontramos espacios que no facilitan eso y retrasan nuestro crecimiento personal – y uso la palabra "retrasan" y no "frenan", porque existe un concepto acuñado por Carl Rogers que se llama "tendencia actualizante" y es una de las bases de su teoría del "Enfoque Centrado en la Persona".
Rogers sostiene que todos los seres vivos (humanos, plantas y animales) tenemos una tendencia innata hacia la actualización, hacia el ser lo mejor que podemos ser en este momento de tiempo y espacio, aún cuando las condiciones no sean facilitadoras de este proceso. La "tendencia actualizante" siempre se está moviendo, a veces más rápido y a veces más lento, depende mucho de nosotros, de la percepción que tengamos de nuestro entorno y del entorno en sí.
La tendencia actualizante y el entorno
Cuando las condiciones, por ejemplo, en una familia son facilitadoras del desarrollo personal, los miembros de esa familia potencian su "tendencia actualizante" y así, día a día van siendo lo mejor que pueden ser, van creciendo a nivel personal de una manera muy veloz, hasta sentr que en ese momento están plenos. Pero ese proceso no termina ahí sino que continúa por el resto de su vida.
En cambio en una familia donde las condiciones no son estas, el crecimiento es mucho más lento, pero se da, aunque no sea del todo positivo, las personas logran ser lo mejor que pueden dentro de ese entorno y de esas condiciones, y si las condiciones cambian la "tendencia actualizante" se despliega mucho más rápido.
La "tendencia actualizante", como decía antes, es una de las bases de la teoría de Rogers, el "Enfoque Centrado en la Persona" y es lo que permite confiar en que la otra persona tiene dentro de sí todo lo que necesita para crecer, desarrollarse y ser feliz, sólo lo tiene que encontrar.
Las aplicaciones que podemos darle a este concepto son variadas, pero voy a dejar una para que la vean y luego decidan ustedes cómo pueden aplicar esta idea de la "tendencia actualizante".
Siempre es bueno poder tener momentos de introspección porque ayudan a entendernos mejor y a conocer y revisar las partes que no nos gustan de nosotros y potenciar las que nos gustan. Lo recomendable en momentos así es que cuando aparece algo que no nos gusta, no lo tenemos que rechazar sino aceptarlo como algo que está ahí y que queremos cambiar, ese es el primer paso, la aceptación (que no significa que nos tiene que gustar) de esa parte que vemos como negativa, en segundo lugar, sucede que al reconocer y aceptar esa parte nuestra empieza este misterio de la "tendencia actualizante" a desplegarse con más poder y aparecen las posibles formas de cambiar lo que no nos gusta y "actualizarnos" a la mejor versión de nosotros mismos para este momento.
El desafío no es fácil, pero vale la pena intentarlo, de todas maneras creo que con la idea puesta, cada uno sabrá descubrir cómo puede desplegar su "tendencia actualizante" y ponerla en marcha con más fuerza para ser lo mejor que puede ser hoy.

El autosabotaje o autoboicot es la tendencia a ponerse trabas, límites y complicaciones a uno mismo durante el camino hacia metas u objetivos. Si echas la vista atrás es posible que encuentres varios ejemplos de situaciones en las que, sin saber por qué ni cómo, has fracasado en el camino hacia tu meta. Una de las posibles explicaciones de este fracaso es el autosabotaje.
El autosabotaje representa al enemigo dentro de uno mismo. Quizás nos proteja en alguna medida del fracaso a corto plazo, pero también del éxito. La persona que se boicotea a sí misma se pone trabas o frenos, e inconscientemente, dice “no voy a poder” cuando tiene que hacer frente a momentos difíciles. A continuación veremos los 4 tipos de autosabotaje más frecuentes.
¿Qué tipos de autosabotaje existen?
1. Negarse necesidades a uno mismo: “No me hace falta, no lo quiero”
El primer tipo de autosabotaje, y uno de los más frecuentes, es el negarse a sí mismo necesidades o deseos. El autosabotaje se enmascara bajo frases como: “no me importa”, “no me apetece”, “no lo quiero” o “no me interesa”. De esta manera, la persona se protege a sí misma de experimentar un fracaso (y aceptar que tiene que trabajar para mejorar sus capacidades) o de experimentar el éxito (y aceptar que puede aspirar a más y se merece el reconocimiento).
En este caso, el autosabotaje se realiza cuando la persona se niega a sí misma que quiera alcanzar un objetivo o se niega a si misma una necesidad personal de manera inconsciente. Es muy importante detectar cuándo realmente no nos interesa un objetivo o una meta y cuándo es el miedo a no estar a la altura, el que que nos hace el boicot. Porque con esta diferenciación comenzamos a crear un escudo personal contra el autosabotaje.
2. Procrastinar: posponer y posponer …y dejar para mañana lo que puedes hacer hoy
Una de las maneras más eficaces de fracasar, tanto a nivel personal y como profesional es procrastinar: “tengo que hacer algo pero lo haré luego”. Procrastinar es un hábito tóxico, ya que provoca la falsa percepción de que “estamos en ello” cuando en realidad lo que estamos haciendo es postergar indefinidamente la realización de una tarea.
Procrastinar funciona como un escudo ante la sensación de incapacidad. Es un mecanismo de defensa porque nos protege impide que nos pongamos a prueba y nos hace sentir que estamos en el camino hacia nuestra meta. Cuando… nada más alejado de la realidad.
3. No ser constante: comenzar la carrera, pero abandonar ante las primeras dificultades
La falta de constancia es una de las máscaras más frecuentes del autosabotaje. La constancia es una capacidad que se ha de entrenar cada día y poco a poco. Empezar un proyecto y abandonarlo en el camino nos asegura el fracaso y es un hábito que nos limita a nosotros mismos.
La función del autosabotaje cuando dejamos las cosas a medias es muy clara: si no acabas la tarea no tendrás que valorar si lo has hecho bien o no. Existe la posibilidad de que lo hagamos bien y de que no sepamos como gestionar el éxito. Dicho de otro modo, el autosabotaje también protege del éxito a las personas que creen que no se merecen un triunfo personal y por ello, se boicotean a sí mismas.
4. Poner excusas a la hora de tomar decisiones: “no sé que hacer”
Tomar decisiones nos otorga un grado de responsabilidad, el cual varía en función de la importancia de la decisión. El autosabotaje nos protege de sentirnos con cualquier grado de responsabilidad, y así, nos aparta de tomar posiciones importantes y de poder.
Por ello, evitar tomar decisiones es otra máscara más tras la cual se oculta el autosabotaje. Impidiéndonos tomar las riendas de nuestra vida, alzar la voz y decir con claridad cuál es nuestra decisión. Además, este tipo de autosabotaje nos mantiene en el papel de espectador (y no de actor) de nuestra vida. El peligro de ser espectadores de nuestra vida es que esta actitud, refuerza la idea de que no ser suficientemente buenos como para aspirar a más.
¿Cuáles son las posibles causas del autosabotaje?
Estilo de personalidad evitativo
Los animales humanos, frente a una dificultad tenemos tres opciones de respuesta: afrontar, evitar o postergar. Es decir, podemos buscar una solución a lo que nos ocurre (afrontar), intentar convenceros de que eso no nos afecta o no nos molesta y mirar para otro lado (evitar) o esperar a ver qué pasa o cómo se desarrollan las cosas sin un período de tiempo definido (postergar). Si bien es cierto que tomarnos un tiempo y no hacer nada es una estrategia eficaz para encontrar soluciones, postergar indefinidamente es un hábito que empobrece nuestra autoestima.
Si durante nuestra etapa de adolescencia y juventud temprana escogemos evitar repetidas veces, lo que hacemos es desaprovechar situaciones que nos permitirían adquirir nuevas habilidades. Tanto si evitamos afrontar lo que nos ocurre, como si dejamos pasar las oportunidades de crecimiento que se nos presentan, desarrollamos un patrón de personalidad evitativo.
El patrón de personalidad evitativo se relaciona directamente con el autosabotaje. Como la costumbre es evitar, la persona se convence de que “no puede” o de que algo “no se le da bien”. Ello se debe a que no tiene habilidades, pero no a que no tenga la capacidad necesaria para superar la situación o crecer a nivel personal.
Una persona con patrón de personalidad evitativo siente que no es capaz de superar retos y se remarca a sí misma esta limitación. El error principal se encuentra en que: no tener habilidades no es igual a no ser capaz. Es necesario dejar de evitar aquello que nos hace dudar de nuestras capacidades y darse una oportunidad para poder crecer como persona. Recuerda: sin desafío no hay crecimiento.
Baja autoestima
Tener una baja apreciación de nuestras características personales hace que nos queramos poco. Si nos queremos poco, tendemos a desconfiar de nuestras capacidades, de ahí la relación entre autosabotaje y baja autoestima.
Una persona con baja autoestima no se permite la oportunidad de crecer, ni de exigirse un poco para salir de su zona de confort. Porque, tiene grabado en lo más profundo de su corazón que: no se merece una oportunidad, no va a ser capaz de dar la talla o siente que no es lo suficientemente valiosa para aspirar a un objetivo. Por todo esto, la baja autoestima puede ser una de las causas del autosabotaje.
Entorno familiar hiper-protector
Crecer en un entorno familiar que nos proteja excesivamente de los “peligros” del mundo, nos hace incorporar en nuestras características psicológicas dos mensajes respecto a nosotros mismos y nuestras capacidades. El primer mensaje es: “mi familia me quiere, me protege y no estoy solo/a” y el segundo es “me tienen que proteger y ayudar porque no puedo solo/a y no soy lo suficientemente fuerte”.
De este modo, cuando una familia es muy protectora, emite estos dos mensajes que son inseparables y es el segundo de ellos el que favorece al autosabotaje. Porque la excesiva protección familiar nos hace depender de los demás para sentirnos seguros y capaces de afrontar retos.
Así, una vez llegados a la etapa adulta, como a nivel social se nos exige ganar en independencia de nuestra familia, aparece el autosabotaje a modo de protección. La protección de la familia es cada vez menor, mientras que el sabotaje se hace cada vez más presente.
¿Cuáles son los efectos del autosabotaje?
El autosabotaje funciona como un pez que se muerde la cola, como no me doy la oportunidad, no me desafío a mi mismo y por tanto, no gano en desarrollo personal. Así, pierdo la oportunidad de ganar nuevas capacidades y mejorar aquellas que ya poseo. Y por ello, sigo pensando que “no puedo”, “no lo quiero” o “no se me da bien”.
Piensa que muchas personas (por no decir todas) tenemos un “pequeño boicoteador” dentro y hemos de aprender a vivir con él. Este pequeño boicoteador siempre va a decirnos que no somos capaces de alcanzar lo que nos proponemos. Nos hará dudar hasta el infinito y nos mantendrá dentro de nuestra zona de confort. Porque solo de esta forma, este pequeño gran enemigo se mantiene tranquilo y cómodo. El truco está en aprender a escuchar sus dudas sin entrar en su juego. Sí, efectivamente, hablamos de una labor de precisión que a menudo requiere una buena dosis de paciencia.
Por todas estas razones que hemos descrito, el autosabotaje genera una sensación constante de incertidumbre. Es un sistema que se perpetúa a si mismo y por ello es necesario que detectemos su presencia y rompamos cuanto antes el círculo vicioso que lo alimenta.
Para superar el autosabotaje puedes trabajar para mejorar tu autoestima, detectar tus puntos fuertes para ampliarlos e identificar también tus puntos débiles para mejorarlos. Pero, sobre todo, vamos a darnos una oportunidad, esta es la clave principal para vencer el autosabotaje.
Consultoria Psycologica
"Pongamos los caballos delante del carro" Lic.Rodolfo Lazzarini
miércoles, junio 21, 2017
25 años en el Enfoque Centrado en la Persona y algunas cuestiones
- La causa originaria de los problemas psicológicos es un error perceptivo?
- Reflejar? Reflejar para qué?
- Las condiciones propuestas por Carl Rogers son necesarias y suficientes?
10º Encuentro Latinoamericano del Enfoque Centrado en la Persona
La Falda. Córdoba. ARGENTINA 7 al 14 de Octubre del 2000
Este 10º Encuentro Latinoamericano del E.C.P. me brinda la oportunidad de compartir algunas cuestiones que fueron surgiendo como resultado de este tránsito de 25 años por el Enfoque, por las relaciones de ayuda psicológica y por la vida.
El título de nuestro Encuentro: “ Entre raíces y alas” me sugiere cómo ordenar estas cuestiones que quiero compartir con mis compañeros de ruta. No tengo la menor duda de que la raíz de nuestro Enfoque, es decir, lo que define las características esenciales del mismo es la llamada HIPÓTESIS FUNDAMENTAL, la “tendencia actualizante”, como tendencia constitutiva del ser humano y de la vida misma. Esa tendencia a la actualización permanente de nuestras potencialidades e incluso a superar los obstáculos que la interfieren.
Esta hipótesis provoca una inversión copernicana en las relaciones de ayuda psicológica, o como me gusta decir a mí, inician el movimiento para poner definitivamente los caballos delante del carro.
El grado de adhesión y convicción con respecto a esta hipótesis, define a mi parecer nuestro grado de pertenencia al Enfoque.
A partir de esta, para mí, raíz indubitable de nuestro Enfoque me parece encontrar algunos aleteos que guardan cierta incongruencia con nuestra raíz y que podrían hacer crecer ramas que crearían un híbrido no del todo saludable.
Como consecuencia de alguna de estas incongruencias me permito compartir con ustedes algunas cuestiones al respecto:
- La causa originaria de los problemas y dificultades con los que nos enfrentamos y traen nuestros consultantes, ¿ es un error perceptivo?
- Reflejar? Reflejar, para qué?
- Las condiciones propuestas por Carl Rogers son necesarias y suficientes?
Creo que la respuesta a estas cuestiones y a otras que luego surgirán de ellas puede definir el lugar donde pongamos los caballos.
Comenzando por la primera cuestión, si el problema originario es un error perceptivo, se me ocurren otras preguntas: Hago consciente lo inconsciente, luego me curo?; Me doy cuenta, luego...? Reestructuro la imagen del sí mismo desde una percepción más realista del sí mismo y luego alcanzo el funcionamiento óptimo de la personalidad? El problema es que hay una imagen del sí mismo que no es congruente con el sí mismo organísmico real?
Ésa es la cuestión originaria del problema, o ésta es en realidad la consecuencia del problema? El problema se armó porque hay algo inconsciente o hay algo inconsciente porque hubo un problema previo que provocó que algo se vuelva inconsciente?
Nuestra incongruencia se origina en la construcción de una imagen de sí mismo distorsionada o poco realista o construimos esta imagen por una causa anterior que lo provoca? El problema es que el consultante se percibe mal y tenemos que hacer algo para que se perciba bien?
Vamos a mostrar algunos planteos referidos a estas cuestiones con las cuales yo no coincido ya que además de no ser demasiado distintos a los propuestos por otras orientaciones pueden llevar nuevamente a poner lo caballos detrás del carro.
Dice Marcelo Lerner (uno de los introductores y divulgadores del Enfoque en Argentina) en su libro: “Introducción a la psicoterapia de Carl Rogers”:
“Para explicitar estos caracteres conviene resumir la posición del terapeuta rogeriano ante su paciente. La problemática de éste, el paciente, es concebida como procedente de un ERROR PERCEPTIVO. Es decir, de la forma distorsionada en que se percibe a sí mismo y la realidad interna”.
Marian Kinget en “Psicoterapia y Relaciones Humanas”, libro que firma junto a Carl Rogers, nos dice refiriéndose al reflejo de sentimiento o según ella reflejo propiamente dicho:
“Mientras la reiteración facilita el proceso dando al sujeto el sentimiento de ser perfectamente comprendido y respetado –que no es poca cosa- el reflejo propiamente dicho –reflejo de sentimiento- trata de sacar a la luz la intención, la actitud o el sentimiento inherentes a sus palabras proponiéndolas al cliente sin imponérselo. En términos gestálticos consiste en iluminar el fondo de la comunicación con el fin de permitir al sujeto que se dé cuenta de si hay en él elementos susceptibles de integrarse en la figura, de modificar ésta o de realzarla”.
De vuelta la inadecuada percepción o el no darse cuenta como causa original del problema psicológico. Y de vuelta nosotros los terapeutas, counselors, facilitadores, los encargados de corregir esa inadecuada percepción, de vuelta el poder en nuestras manos y de vuelta los caballos detrás del carro.
Según mi parecer, el problema original de todo esto no es un problema de mala o buena percepción sino que el problema se origina en situaciones amenazantes reiteradas.
Para ilustrar esta afirmación los invito a observar la reproducción incluida en este trabajo realizada por Quino, (Joaquín Lavado, Mendoza, Argentina) brillante y lúcido humorista argentino, creador de la muy conocida Madalfa. Los buenos humoristas con su especial intuición y capacidad de síntesis logran con una imagen representar lo que otros necesitamos páginas y páginas para explicarlo.
Este niño, el que está en el centro de la imagen, no es que no se percibe bien.
Percibe claramente que a él le gusta dibujar redondo. Pero tiene delante de sus narices un dedo amenazante. Ese dedo lo instala en una situación amenazante. Y no es que no percibe o deja de percibir que le gustan los redondos. Me imagino que puede estar
pensando: “Al diablo, si yo sigo dibujando redondos éste se va a enojar más todavía, y por ahí hasta me deja de querer. Al diablo con todo, yo dejo de dibujar redondos.... en realidad a mí no me gusta tanto dibujar redondos... es malo dibujar redondos... a mí no me gusta dibujar redondos”.
Qué pasó? Modificó su percepción y eso inició el problema? o modificó su percepción a sabiendas para zafar de alguna manera de esa situación amenazante conservando su fuente de afecto y satisfaciendo así su necesidad de sentirse aceptado.
Ahora bien. Cómo es esta necesidad de SENTIRNOS ACEPTADOS? Sentirnos aceptados cómo? SENTIRNOS ACEPTADOS. Ésa es la necesidad. Pero después empieza la trampa. Sabemos cómo la armamos. La aceptación no es siempre ni mucho menos incondicional. El papá le dice al nene con su dedo amenazante: “Yo te voy a aceptar y querer si me dibujás cuadrados, no si me dibujás redondos”. Y el nene -qué el nene, los grandes!- como necesitamos esa aceptación... “Y, al diablo, no dibujo más redondos!”. Pero qué pasa? Dejo de percibir en realidad que me siguen gustando los redondos? Si realmente dejara de percibir que me siguen gustando los redondos, no habría conflicto y los psicoterapeutas, facilitadores y counselors nos moriríamos de hambre.
Sigue percibiendo que le gustan los redondos, pero se hace el “distraído” para no verse sometido a seguir soportando esa situación amenazante.
Creo que considerar que la causa inicial del problema es un error perceptivo es volver a poner los caballos detrás del carro. Y que este “error perceptivo” en todo caso es una consecuencia que desaparece cuando desaparece la verdadera causa original que sería la persistente y amenazante experiencia de no sentirse aceptado y comprendido auténticamente.
Si lo miramos de la otra manera, es decir, pensando que la causa original del problema es una percepción distorsionada, obviamente vamos a tener que hacer algo para que esta persona perciba mejor. Nosotros diríamos para “facilitar”que esta persona pueda percibirse mejor y para ello hemos encontrado el “recurso” del reflejo.
Pero el reflejo propiamente dicho es el de sentimiento. Es decir, parece ser el mejor. Claro, si realmente la finalidad es que la persona perciba bien, es decir, que es mejor que el fondo se vuelva figura, que se dé cuenta de lo que está en el fondo de su figura y que si lo dijéramos en el idioma psicoanalítico: que lo inconsciente se haga consciente. Si ése es el asunto, y bueno habría que usar el recurso del reflejo y seguramente si ésa es la finalidad de la relación terapéutica, y sí, me parece que el reflejo de sentimiento es el reflejo propiamente dicho.
Todo esto sería válido si partiéramos del supuesto de que el problema originario es un “error perceptivo”.
A mi manera de entender creo que plantear la situación de esta manera es crear una nueva situación amenazante. “Está usted estructurando mal su percepción, lo que usted presenta como fondo es en realidad la figura”. Desde ya como somos rogerianos no lo decimos directamente, lo decimos en forma de cálido reflejo.
El supuesto fondo de la figura se lo ponemos delante de su cara para que lo vea. Para que se dé cuenta. Insisto, volvemos a recrear una situación amenazante. Y a lo mejor, hasta logramos que lo acepte. Peor. Otra vez claudicó. Estructura su percepción con su figura y fondo de acuerdo a lo que la autoridad de turno le pide. En este caso, un cálido y comprensivo terapeuta rogeriano. En vez de desarmar la trampa, la volvemos a alimentar.
A partir de lo anteriormente expuesto me permito decir que esta manera de plantear el reflejo constituye una situación amenazante tanto para el consultante como para el terapeuta, facilitador o counselor. Porque... “¿Uy, cómo no le hice dar cuenta de lo que no se dió cuenta?” Y en vez de estar libremente con el otro, en ese transcurrir juntos, estar comunicándonos y escuchándonos... “Ah no, yo tengo que hacer algo, reflejarle el fondo, para que se dé cuenta de lo que no se da cuenta”. El clima amenazante termina envolviéndonos a los dos.
Cuando nosotros encaramos la relación de ayuda en función de hacer algo para que la persona modifique su forma de percibir, para que vea lo que no ve, para que se dé cuenta de lo que no se da cuenta, para que el fondo sea figura, para que haga consciente lo inconsciente, la sensación que tengo es que estamos agarrando a patadas la puerta. Y creo, que lo más saludable que esta persona podría hacer es poner todos los muebles de su casa detrás de la puerta. Porque, quiénes somos nosotros para entrar donde esta persona no quiere o todavía no puede entrar o donde no quiere que otros entren?
Esta situación amenazante que se crea al plantearnos el reflejo como recurso y que se hace más nítida al hablar del reflejo de sentimiento propiamente dicho aparece muy claramente en los cursos de formación cuando aparece este tema: Cómo les enseñamos a reflejar? Cómo aprendo a reflejar?
Se arma un lío bárbaro! Cómo voy a hacer para reflejar? Porque hay que reflejar bien! Si me quedo en el reflejo reiterativo o simple, con reflejar lo que dijo, ya está. Pero si pretendo ir un poco más allá para mejorar la calidad del reflejo tengo que... A ver, eso que está en el fondo, pescar eso que está en el fondo, para ponerlo adelante. Y si no me sale? Y se arma un lío bárbaro!
Otra vez los caballos detrás del carro. Ya no escucho más! Porque el problema ahora es: qué le tengo que decir?, qué le voy a reflejar?, qué cosa voy a hacer para que el otro vea lo que no ve? Ya está armada la trampa que nos atrapa a los dos. Él, esperando que yo diga no sé qué cosa y yo esperando que lo que yo diga sea acertado e ilumine no sé qué cosa que suponemos que él tiene oscura.
La pregunta correcta no sería qué le digo, sino qué me dice? “Él me tiene que enseñar a mí lo que a él le pasa, no yo le tengo que enseñar a él lo que a él le pasa”.”Es él el que me va a decir a mí lo que a él le pasa. No soy yo el que le va a decir a él lo que a él le pasa”. Y en todo caso , casi sin darnos cuenta vamos a transcurrir en lo que nos pasa a los dos. Y creo que cuando nos podemos instalar en esta otra manera , el problema original -que no era que había algo inconsciente o que no se da cuenta o que hay algo que percibe mal- se diluye, se diluye el clima de amenaza, se diluye el peligro, el temor no nubla nuestra mirada y como consecuencia el “problema perceptivo” desaparece ya que el problema perceptivo es la consecuencia y no el problema original.
Para terminar con esta cuestión del reflejo y para qué reflejamos, me voy a permitir incluir parte de un escrito de Carl Rogers publicado en la “Person-Centered Review” en noviembre de 1986 referido al reflejo de sentimiento y que creo que contribuye a iluminar y a poner el tema en su justo lugar:
“A pesar de que soy parcialmente responsable por el uso de ese término para describir cierto tipo de respuesta terapéutica, con el tiempo me he vuelto muy disconforme con él. La razón mayor es que ‘reflejo de sentimiento’ ha sido frecuentemente enseñado como una técnica y muchas veces una muy inflexible técnica. Sobre la base de expresiones escritas de los pacientes, se espera que el alumno confeccione un ‘correcto’ reflejo de sentimiento, o aún peor, que seleccione la respuesta ‘correcta’ de una lista de varias opciones. Tal entrenamiento tiene poco que ver con una efectiva relación terapéutica. Por lo tanto me he vuelto mas y más alérgico al uso del término.
Al mismo tiempo yo sé que muchas de mis respuestas en una entrevista –como es evidente en esos ejemplos publicados- parecen ser ‘reflejos de sentimiento’, interiormente me opongo. Definitivamente yo no trato de ‘reflejar sentimiento’.
(... ) Desde mi punto de vista como terapeuta yo no estoy tratando de reflejar sentimientos, yo estoy tratando de determinar si mi comprensión del mundo interno del cliente es correcta, (El subrayado es mío) si estoy viendo esto como él o ella está experienciando esto en este momento. Cada respuesta mía contiene la pregunta no verbalizada ‘es éste el modo que esto es en usted? Sino yo desearía poner mi percepción de acuerdo a la suya’.
(... ) Así yo sugiero que estas respuestas terapéuticas no sean llamadas ‘reflejos de sentimientos’ sino ‘probando entendimientos’ o ‘verificando percepciones’. Estos términos yo creo serían más acertados. Ellos serían útiles en el entrenamiento de terapeutas. Ellos facilitarían una sana motivación en responder, con un deseo interrogador más que un intento de reflejar”.
Es decir, la sana motivación , no sería “reflejar” para que el paciente corrija su percepción, sino en todo caso modificar la nuestra para concordarla con la percepción del paciente de forma que éste se sienta realmente aceptado y realmente comprendido.
Entonces la cuestión ya no sería “reflejar” sino ESCUCHAR, ESCUCHAR, ESCUCHAR, y así el “reflejo” dejaría de ser un “recurso” para modificar nada en el consultante, para convertirse en la comunicación de nuestro auténtico interés por comprender y aceptar al consultante.
De esta forma aportaríamos las condiciones necesarias y suficientes para que el consultante haciendo uso de las capacidades que lo constituyen se haga cargo del “asunto”.
Y aquí aparece entonces la otra cuestión que habíamos planteado en el inicio de este trabajo, el de las condiciones para Carl Rogers necesarias y suficientes que facilitarían todo proceso terapéutico o de desarrollo personal.
Las condiciones a que nos referimos tan conocidas por los adherentes al enfoque
son: la congruencia o autenticidad, la aceptación positiva incondicional y la comprensión empática.
Son necesarias y suficientes?
Son necesarias pero no suficientes?
Con respecto a estas condiciones me he encontrado dentro del Enfoque con posiciones variadas. Carl Rogers desde que las postuló las presentó como necesarias y suficientes y nunca varió esta postura, pero variadas voces dentro del Enfoque no lo creen tan así.
Con distinto grado aparecen variantes que van desde el “son necesarias y suficientes, pero...”, hasta la afirmación de que son “necesarias, pero no suficientes”.
Nadie parecería discutir que son necesarias, pero no pasa lo mismo con la afirmación de que son suficientes.
A mi modo de entender estas distintas posturas a sabiendas o no, están determinadas por el grado de adhesión o convicción con respecto a la Hipótesis Fundamental del Enfoque, la tendencia actualizante.
Me parece refrescante, alentadora y apuntando en la dirección correcta la postura al respecto de Gerald Bozarth:
“... más que concluir que las condiciones son necesarias pero no suficientes, resulta más propio decir que las condiciones no son necesariamente necesarias, pero siempre suficientes”.
Avanzando en esta dirección apuntamos decididamente a poner definitivamente los caballos delante del carro, ya que nos paramos con total convicción sobre la base original del Enfoque Centrado en la Persona que es la tendencia actualizante
La postura de plantear las condiciones como necesarias pero no suficientes además de hacer tambalear la base subyacente del Enfoque plantea a mi parecer una flagrante contradicción lógica, a no ser que desechemos los fundamentos del Enfoque.
Cuando afirmamos que son necesarias, pero que no son suficientes, qué queremos decir?; No son suficientes para qué?; No son suficientes para que el consultante haga algo que desde nuestro lugar de terapeutas estamos eligiendo como meta suya?; No son suficientes para que el consultante corrija su error perceptivo?; No son suficientes para que el consultante perciba desde lo que nosotros, poderosos y sabios terapeutas, consideramos correcto, acertado o saludable?
Si nos planteamos la cuestión de este modo, la pregunta que me surge es:
Dónde quedó la aceptación positiva incondicional?
De esta manera a mi entender desaparece totalmente la condición que planteamos como necesaria de la aceptación positiva incondicional. Esto no es verdadera aceptación. En realidad lo que estamos ofreciendo es el fatídico y cálido cebo de la amenazante aceptación condicional. La trampa cálida y amenazante nuevamente está armada y funcionando. Y en esta cálida y amenazante trampa quedamos atrapados los dos, terapeuta y paciente, consejero y consultante, facilitador y cliente. Nuevamente los caballos detrás del carro.
Entonces las condiciones no son suficientes? No son suficientes o es que en realidad, no estamos ofreciendo una auténtica, comprensiva y verdadera aceptación positiva incondicional? No son suficientes o en realidad, le estamos achacando a las condiciones una insuficiencia nuestra derivada de nuestra pobre convicción en la tendencia actualizante del paciente o de nosotros mismos? Estamos realmente convencidos de nuestra hipótesis fundamental? Creemos verdaderamente en ella? O es que no está claro a qué nos referimos cuando hablamos de aceptación positiva incondicional? Será éste un desafío difícil de aceptar? Yo a veces, así lo siento.
Al respecto me permito introducir partes de un párrafo que Carl Rogers presenta en “Psicoterapia centrada en el Cliente” que él titula: “La lucha básica del consejero”, que para mí es la más clara y contundente definición al respecto:
“Mi experiencia indica que sólo cuando el consejero, a través de uno u otro medio, ha establecido dentro de él la hipótesis según la cual actuará, podrá proporcionar una ayuda de máxima al individuo. También he observado que cuando más firmemente confío en la fuerza y en la potencialidad del cliente, éste tanto mas profundamente descubre esa fuerza.
Ha sido evidente, tanto por nuestra experiencia clínica como por nuestra investigación, que cuando el consejero percibe que acepta al cliente tal cual es, cuando deja de lado toda evaluación y entra en el marco de referencia perceptual del mismo, lo libera para que explore nuevamente su vida y su experiencia, lo libera para percibir en esa experiencia nuevos significados y nuevas metas. Pero el terapeuta desea realmente que el resultado sea una plena libertad? Desea genuinamente que el cliente organice y dirija su vida? Desea que elija metas que son sociales o antisociales, morales o inmorales? Si no es así, parece dudoso que la terapia llegue a ser una experiencia profunda para el cliente. Aún más, desea que el cliente elija la regresión antes que el crecimiento o la madurez? Que elija la neurosis, antes que la salud mental? Que elija el rechazo de la ayuda antes que la aceptación? Que elija la muerte antes que la vida? Me parece que en la medida que el terapeuta desee completamente que se elija cualquier resultado, cualquier dirección y sólo entonces comprenderá la fuerza vital de la capacidad y potencialidad del individuo para la acción constructiva. En la medida en que acepta que elija la muerte, éste elige la vida; en la medida en que acepta que elija la neurosis, elige una saludable normalidad. Cuanto más completamente actúa, según su hipótesis central, más convincente es la prueba de que la hipótesis es correcta.”
La sensación que me queda después de esta clara, definitiva, rotunda y contundente postura es que no es mucho más lo que se pueda decir.
Creo que las cuestiones planteadas inicialmente nos ponen frente a un interrogante contundente, que de acuerdo a cómo lo contestemos, definirá la congruencia de nuestro Enfoque y nuestra convicción al respecto. Creo que si aceptamos el desafío propuesto por Carl Rogers en el párrafo anteriormente citado lograremos poner definitivamente los caballos delante del carro.
Bibliografía citada
Bozarth, Jerold
“No necesariamente necesario, pero siempre suficiente” en
Brazier, David
“Mas allá de Carl Rogers”
Descleé De Brouwer. Bilbao, 1997, página 85
Rogers, Carl
“Psicoterapia centrada en el cliente”
Paidós. Buenos Aires, 1977, página 40
Rogers, Carl y Kinget G. Marian
“Psicoterapia y Relaciones Humanas”
Alfaguara. Madrid, Barcelona, 1971, página 81
Lerner, Marcelo
“Introducción a la Psicoterapia de Rogers”
Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, 1974, página 71
- La causa originaria de los problemas psicológicos es un error perceptivo?
- Reflejar? Reflejar para qué?
- Las condiciones propuestas por Carl Rogers son necesarias y suficientes?
10º Encuentro Latinoamericano del Enfoque Centrado en la Persona
La Falda. Córdoba. ARGENTINA 7 al 14 de Octubre del 2000
Este 10º Encuentro Latinoamericano del E.C.P. me brinda la oportunidad de compartir algunas cuestiones que fueron surgiendo como resultado de este tránsito de 25 años por el Enfoque, por las relaciones de ayuda psicológica y por la vida.
El título de nuestro Encuentro: “ Entre raíces y alas” me sugiere cómo ordenar estas cuestiones que quiero compartir con mis compañeros de ruta. No tengo la menor duda de que la raíz de nuestro Enfoque, es decir, lo que define las características esenciales del mismo es la llamada HIPÓTESIS FUNDAMENTAL, la “tendencia actualizante”, como tendencia constitutiva del ser humano y de la vida misma. Esa tendencia a la actualización permanente de nuestras potencialidades e incluso a superar los obstáculos que la interfieren.
Esta hipótesis provoca una inversión copernicana en las relaciones de ayuda psicológica, o como me gusta decir a mí, inician el movimiento para poner definitivamente los caballos delante del carro.
El grado de adhesión y convicción con respecto a esta hipótesis, define a mi parecer nuestro grado de pertenencia al Enfoque.
A partir de esta, para mí, raíz indubitable de nuestro Enfoque me parece encontrar algunos aleteos que guardan cierta incongruencia con nuestra raíz y que podrían hacer crecer ramas que crearían un híbrido no del todo saludable.
Como consecuencia de alguna de estas incongruencias me permito compartir con ustedes algunas cuestiones al respecto:
- La causa originaria de los problemas y dificultades con los que nos enfrentamos y traen nuestros consultantes, ¿ es un error perceptivo?
- Reflejar? Reflejar, para qué?
- Las condiciones propuestas por Carl Rogers son necesarias y suficientes?
Creo que la respuesta a estas cuestiones y a otras que luego surgirán de ellas puede definir el lugar donde pongamos los caballos.
Comenzando por la primera cuestión, si el problema originario es un error perceptivo, se me ocurren otras preguntas: Hago consciente lo inconsciente, luego me curo?; Me doy cuenta, luego...? Reestructuro la imagen del sí mismo desde una percepción más realista del sí mismo y luego alcanzo el funcionamiento óptimo de la personalidad? El problema es que hay una imagen del sí mismo que no es congruente con el sí mismo organísmico real?
Ésa es la cuestión originaria del problema, o ésta es en realidad la consecuencia del problema? El problema se armó porque hay algo inconsciente o hay algo inconsciente porque hubo un problema previo que provocó que algo se vuelva inconsciente?
Nuestra incongruencia se origina en la construcción de una imagen de sí mismo distorsionada o poco realista o construimos esta imagen por una causa anterior que lo provoca? El problema es que el consultante se percibe mal y tenemos que hacer algo para que se perciba bien?
Vamos a mostrar algunos planteos referidos a estas cuestiones con las cuales yo no coincido ya que además de no ser demasiado distintos a los propuestos por otras orientaciones pueden llevar nuevamente a poner lo caballos detrás del carro.
Dice Marcelo Lerner (uno de los introductores y divulgadores del Enfoque en Argentina) en su libro: “Introducción a la psicoterapia de Carl Rogers”:
“Para explicitar estos caracteres conviene resumir la posición del terapeuta rogeriano ante su paciente. La problemática de éste, el paciente, es concebida como procedente de un ERROR PERCEPTIVO. Es decir, de la forma distorsionada en que se percibe a sí mismo y la realidad interna”.
Marian Kinget en “Psicoterapia y Relaciones Humanas”, libro que firma junto a Carl Rogers, nos dice refiriéndose al reflejo de sentimiento o según ella reflejo propiamente dicho:
“Mientras la reiteración facilita el proceso dando al sujeto el sentimiento de ser perfectamente comprendido y respetado –que no es poca cosa- el reflejo propiamente dicho –reflejo de sentimiento- trata de sacar a la luz la intención, la actitud o el sentimiento inherentes a sus palabras proponiéndolas al cliente sin imponérselo. En términos gestálticos consiste en iluminar el fondo de la comunicación con el fin de permitir al sujeto que se dé cuenta de si hay en él elementos susceptibles de integrarse en la figura, de modificar ésta o de realzarla”.
De vuelta la inadecuada percepción o el no darse cuenta como causa original del problema psicológico. Y de vuelta nosotros los terapeutas, counselors, facilitadores, los encargados de corregir esa inadecuada percepción, de vuelta el poder en nuestras manos y de vuelta los caballos detrás del carro.
Según mi parecer, el problema original de todo esto no es un problema de mala o buena percepción sino que el problema se origina en situaciones amenazantes reiteradas.
Para ilustrar esta afirmación los invito a observar la reproducción incluida en este trabajo realizada por Quino, (Joaquín Lavado, Mendoza, Argentina) brillante y lúcido humorista argentino, creador de la muy conocida Madalfa. Los buenos humoristas con su especial intuición y capacidad de síntesis logran con una imagen representar lo que otros necesitamos páginas y páginas para explicarlo.
Este niño, el que está en el centro de la imagen, no es que no se percibe bien.
Percibe claramente que a él le gusta dibujar redondo. Pero tiene delante de sus narices un dedo amenazante. Ese dedo lo instala en una situación amenazante. Y no es que no percibe o deja de percibir que le gustan los redondos. Me imagino que puede estar
pensando: “Al diablo, si yo sigo dibujando redondos éste se va a enojar más todavía, y por ahí hasta me deja de querer. Al diablo con todo, yo dejo de dibujar redondos.... en realidad a mí no me gusta tanto dibujar redondos... es malo dibujar redondos... a mí no me gusta dibujar redondos”.
Qué pasó? Modificó su percepción y eso inició el problema? o modificó su percepción a sabiendas para zafar de alguna manera de esa situación amenazante conservando su fuente de afecto y satisfaciendo así su necesidad de sentirse aceptado.
Ahora bien. Cómo es esta necesidad de SENTIRNOS ACEPTADOS? Sentirnos aceptados cómo? SENTIRNOS ACEPTADOS. Ésa es la necesidad. Pero después empieza la trampa. Sabemos cómo la armamos. La aceptación no es siempre ni mucho menos incondicional. El papá le dice al nene con su dedo amenazante: “Yo te voy a aceptar y querer si me dibujás cuadrados, no si me dibujás redondos”. Y el nene -qué el nene, los grandes!- como necesitamos esa aceptación... “Y, al diablo, no dibujo más redondos!”. Pero qué pasa? Dejo de percibir en realidad que me siguen gustando los redondos? Si realmente dejara de percibir que me siguen gustando los redondos, no habría conflicto y los psicoterapeutas, facilitadores y counselors nos moriríamos de hambre.
Sigue percibiendo que le gustan los redondos, pero se hace el “distraído” para no verse sometido a seguir soportando esa situación amenazante.
Creo que considerar que la causa inicial del problema es un error perceptivo es volver a poner los caballos detrás del carro. Y que este “error perceptivo” en todo caso es una consecuencia que desaparece cuando desaparece la verdadera causa original que sería la persistente y amenazante experiencia de no sentirse aceptado y comprendido auténticamente.
Si lo miramos de la otra manera, es decir, pensando que la causa original del problema es una percepción distorsionada, obviamente vamos a tener que hacer algo para que esta persona perciba mejor. Nosotros diríamos para “facilitar”que esta persona pueda percibirse mejor y para ello hemos encontrado el “recurso” del reflejo.
Pero el reflejo propiamente dicho es el de sentimiento. Es decir, parece ser el mejor. Claro, si realmente la finalidad es que la persona perciba bien, es decir, que es mejor que el fondo se vuelva figura, que se dé cuenta de lo que está en el fondo de su figura y que si lo dijéramos en el idioma psicoanalítico: que lo inconsciente se haga consciente. Si ése es el asunto, y bueno habría que usar el recurso del reflejo y seguramente si ésa es la finalidad de la relación terapéutica, y sí, me parece que el reflejo de sentimiento es el reflejo propiamente dicho.
Todo esto sería válido si partiéramos del supuesto de que el problema originario es un “error perceptivo”.
A mi manera de entender creo que plantear la situación de esta manera es crear una nueva situación amenazante. “Está usted estructurando mal su percepción, lo que usted presenta como fondo es en realidad la figura”. Desde ya como somos rogerianos no lo decimos directamente, lo decimos en forma de cálido reflejo.
El supuesto fondo de la figura se lo ponemos delante de su cara para que lo vea. Para que se dé cuenta. Insisto, volvemos a recrear una situación amenazante. Y a lo mejor, hasta logramos que lo acepte. Peor. Otra vez claudicó. Estructura su percepción con su figura y fondo de acuerdo a lo que la autoridad de turno le pide. En este caso, un cálido y comprensivo terapeuta rogeriano. En vez de desarmar la trampa, la volvemos a alimentar.
A partir de lo anteriormente expuesto me permito decir que esta manera de plantear el reflejo constituye una situación amenazante tanto para el consultante como para el terapeuta, facilitador o counselor. Porque... “¿Uy, cómo no le hice dar cuenta de lo que no se dió cuenta?” Y en vez de estar libremente con el otro, en ese transcurrir juntos, estar comunicándonos y escuchándonos... “Ah no, yo tengo que hacer algo, reflejarle el fondo, para que se dé cuenta de lo que no se da cuenta”. El clima amenazante termina envolviéndonos a los dos.
Cuando nosotros encaramos la relación de ayuda en función de hacer algo para que la persona modifique su forma de percibir, para que vea lo que no ve, para que se dé cuenta de lo que no se da cuenta, para que el fondo sea figura, para que haga consciente lo inconsciente, la sensación que tengo es que estamos agarrando a patadas la puerta. Y creo, que lo más saludable que esta persona podría hacer es poner todos los muebles de su casa detrás de la puerta. Porque, quiénes somos nosotros para entrar donde esta persona no quiere o todavía no puede entrar o donde no quiere que otros entren?
Esta situación amenazante que se crea al plantearnos el reflejo como recurso y que se hace más nítida al hablar del reflejo de sentimiento propiamente dicho aparece muy claramente en los cursos de formación cuando aparece este tema: Cómo les enseñamos a reflejar? Cómo aprendo a reflejar?
Se arma un lío bárbaro! Cómo voy a hacer para reflejar? Porque hay que reflejar bien! Si me quedo en el reflejo reiterativo o simple, con reflejar lo que dijo, ya está. Pero si pretendo ir un poco más allá para mejorar la calidad del reflejo tengo que... A ver, eso que está en el fondo, pescar eso que está en el fondo, para ponerlo adelante. Y si no me sale? Y se arma un lío bárbaro!
Otra vez los caballos detrás del carro. Ya no escucho más! Porque el problema ahora es: qué le tengo que decir?, qué le voy a reflejar?, qué cosa voy a hacer para que el otro vea lo que no ve? Ya está armada la trampa que nos atrapa a los dos. Él, esperando que yo diga no sé qué cosa y yo esperando que lo que yo diga sea acertado e ilumine no sé qué cosa que suponemos que él tiene oscura.
La pregunta correcta no sería qué le digo, sino qué me dice? “Él me tiene que enseñar a mí lo que a él le pasa, no yo le tengo que enseñar a él lo que a él le pasa”.”Es él el que me va a decir a mí lo que a él le pasa. No soy yo el que le va a decir a él lo que a él le pasa”. Y en todo caso , casi sin darnos cuenta vamos a transcurrir en lo que nos pasa a los dos. Y creo que cuando nos podemos instalar en esta otra manera , el problema original -que no era que había algo inconsciente o que no se da cuenta o que hay algo que percibe mal- se diluye, se diluye el clima de amenaza, se diluye el peligro, el temor no nubla nuestra mirada y como consecuencia el “problema perceptivo” desaparece ya que el problema perceptivo es la consecuencia y no el problema original.
Para terminar con esta cuestión del reflejo y para qué reflejamos, me voy a permitir incluir parte de un escrito de Carl Rogers publicado en la “Person-Centered Review” en noviembre de 1986 referido al reflejo de sentimiento y que creo que contribuye a iluminar y a poner el tema en su justo lugar:
“A pesar de que soy parcialmente responsable por el uso de ese término para describir cierto tipo de respuesta terapéutica, con el tiempo me he vuelto muy disconforme con él. La razón mayor es que ‘reflejo de sentimiento’ ha sido frecuentemente enseñado como una técnica y muchas veces una muy inflexible técnica. Sobre la base de expresiones escritas de los pacientes, se espera que el alumno confeccione un ‘correcto’ reflejo de sentimiento, o aún peor, que seleccione la respuesta ‘correcta’ de una lista de varias opciones. Tal entrenamiento tiene poco que ver con una efectiva relación terapéutica. Por lo tanto me he vuelto mas y más alérgico al uso del término.
Al mismo tiempo yo sé que muchas de mis respuestas en una entrevista –como es evidente en esos ejemplos publicados- parecen ser ‘reflejos de sentimiento’, interiormente me opongo. Definitivamente yo no trato de ‘reflejar sentimiento’.
(... ) Desde mi punto de vista como terapeuta yo no estoy tratando de reflejar sentimientos, yo estoy tratando de determinar si mi comprensión del mundo interno del cliente es correcta, (El subrayado es mío) si estoy viendo esto como él o ella está experienciando esto en este momento. Cada respuesta mía contiene la pregunta no verbalizada ‘es éste el modo que esto es en usted? Sino yo desearía poner mi percepción de acuerdo a la suya’.
(... ) Así yo sugiero que estas respuestas terapéuticas no sean llamadas ‘reflejos de sentimientos’ sino ‘probando entendimientos’ o ‘verificando percepciones’. Estos términos yo creo serían más acertados. Ellos serían útiles en el entrenamiento de terapeutas. Ellos facilitarían una sana motivación en responder, con un deseo interrogador más que un intento de reflejar”.
Es decir, la sana motivación , no sería “reflejar” para que el paciente corrija su percepción, sino en todo caso modificar la nuestra para concordarla con la percepción del paciente de forma que éste se sienta realmente aceptado y realmente comprendido.
Entonces la cuestión ya no sería “reflejar” sino ESCUCHAR, ESCUCHAR, ESCUCHAR, y así el “reflejo” dejaría de ser un “recurso” para modificar nada en el consultante, para convertirse en la comunicación de nuestro auténtico interés por comprender y aceptar al consultante.
De esta forma aportaríamos las condiciones necesarias y suficientes para que el consultante haciendo uso de las capacidades que lo constituyen se haga cargo del “asunto”.
Y aquí aparece entonces la otra cuestión que habíamos planteado en el inicio de este trabajo, el de las condiciones para Carl Rogers necesarias y suficientes que facilitarían todo proceso terapéutico o de desarrollo personal.
Las condiciones a que nos referimos tan conocidas por los adherentes al enfoque
son: la congruencia o autenticidad, la aceptación positiva incondicional y la comprensión empática.
Son necesarias y suficientes?
Son necesarias pero no suficientes?
Con respecto a estas condiciones me he encontrado dentro del Enfoque con posiciones variadas. Carl Rogers desde que las postuló las presentó como necesarias y suficientes y nunca varió esta postura, pero variadas voces dentro del Enfoque no lo creen tan así.
Con distinto grado aparecen variantes que van desde el “son necesarias y suficientes, pero...”, hasta la afirmación de que son “necesarias, pero no suficientes”.
Nadie parecería discutir que son necesarias, pero no pasa lo mismo con la afirmación de que son suficientes.
A mi modo de entender estas distintas posturas a sabiendas o no, están determinadas por el grado de adhesión o convicción con respecto a la Hipótesis Fundamental del Enfoque, la tendencia actualizante.
Me parece refrescante, alentadora y apuntando en la dirección correcta la postura al respecto de Gerald Bozarth:
“... más que concluir que las condiciones son necesarias pero no suficientes, resulta más propio decir que las condiciones no son necesariamente necesarias, pero siempre suficientes”.
Avanzando en esta dirección apuntamos decididamente a poner definitivamente los caballos delante del carro, ya que nos paramos con total convicción sobre la base original del Enfoque Centrado en la Persona que es la tendencia actualizante
La postura de plantear las condiciones como necesarias pero no suficientes además de hacer tambalear la base subyacente del Enfoque plantea a mi parecer una flagrante contradicción lógica, a no ser que desechemos los fundamentos del Enfoque.
Cuando afirmamos que son necesarias, pero que no son suficientes, qué queremos decir?; No son suficientes para qué?; No son suficientes para que el consultante haga algo que desde nuestro lugar de terapeutas estamos eligiendo como meta suya?; No son suficientes para que el consultante corrija su error perceptivo?; No son suficientes para que el consultante perciba desde lo que nosotros, poderosos y sabios terapeutas, consideramos correcto, acertado o saludable?
Si nos planteamos la cuestión de este modo, la pregunta que me surge es:
Dónde quedó la aceptación positiva incondicional?
De esta manera a mi entender desaparece totalmente la condición que planteamos como necesaria de la aceptación positiva incondicional. Esto no es verdadera aceptación. En realidad lo que estamos ofreciendo es el fatídico y cálido cebo de la amenazante aceptación condicional. La trampa cálida y amenazante nuevamente está armada y funcionando. Y en esta cálida y amenazante trampa quedamos atrapados los dos, terapeuta y paciente, consejero y consultante, facilitador y cliente. Nuevamente los caballos detrás del carro.
Entonces las condiciones no son suficientes? No son suficientes o es que en realidad, no estamos ofreciendo una auténtica, comprensiva y verdadera aceptación positiva incondicional? No son suficientes o en realidad, le estamos achacando a las condiciones una insuficiencia nuestra derivada de nuestra pobre convicción en la tendencia actualizante del paciente o de nosotros mismos? Estamos realmente convencidos de nuestra hipótesis fundamental? Creemos verdaderamente en ella? O es que no está claro a qué nos referimos cuando hablamos de aceptación positiva incondicional? Será éste un desafío difícil de aceptar? Yo a veces, así lo siento.
Al respecto me permito introducir partes de un párrafo que Carl Rogers presenta en “Psicoterapia centrada en el Cliente” que él titula: “La lucha básica del consejero”, que para mí es la más clara y contundente definición al respecto:
“Mi experiencia indica que sólo cuando el consejero, a través de uno u otro medio, ha establecido dentro de él la hipótesis según la cual actuará, podrá proporcionar una ayuda de máxima al individuo. También he observado que cuando más firmemente confío en la fuerza y en la potencialidad del cliente, éste tanto mas profundamente descubre esa fuerza.
Ha sido evidente, tanto por nuestra experiencia clínica como por nuestra investigación, que cuando el consejero percibe que acepta al cliente tal cual es, cuando deja de lado toda evaluación y entra en el marco de referencia perceptual del mismo, lo libera para que explore nuevamente su vida y su experiencia, lo libera para percibir en esa experiencia nuevos significados y nuevas metas. Pero el terapeuta desea realmente que el resultado sea una plena libertad? Desea genuinamente que el cliente organice y dirija su vida? Desea que elija metas que son sociales o antisociales, morales o inmorales? Si no es así, parece dudoso que la terapia llegue a ser una experiencia profunda para el cliente. Aún más, desea que el cliente elija la regresión antes que el crecimiento o la madurez? Que elija la neurosis, antes que la salud mental? Que elija el rechazo de la ayuda antes que la aceptación? Que elija la muerte antes que la vida? Me parece que en la medida que el terapeuta desee completamente que se elija cualquier resultado, cualquier dirección y sólo entonces comprenderá la fuerza vital de la capacidad y potencialidad del individuo para la acción constructiva. En la medida en que acepta que elija la muerte, éste elige la vida; en la medida en que acepta que elija la neurosis, elige una saludable normalidad. Cuanto más completamente actúa, según su hipótesis central, más convincente es la prueba de que la hipótesis es correcta.”
La sensación que me queda después de esta clara, definitiva, rotunda y contundente postura es que no es mucho más lo que se pueda decir.
Creo que las cuestiones planteadas inicialmente nos ponen frente a un interrogante contundente, que de acuerdo a cómo lo contestemos, definirá la congruencia de nuestro Enfoque y nuestra convicción al respecto. Creo que si aceptamos el desafío propuesto por Carl Rogers en el párrafo anteriormente citado lograremos poner definitivamente los caballos delante del carro.
Bibliografía citada
Bozarth, Jerold
“No necesariamente necesario, pero siempre suficiente” en
Brazier, David
“Mas allá de Carl Rogers”
Descleé De Brouwer. Bilbao, 1997, página 85
Rogers, Carl
“Psicoterapia centrada en el cliente”
Paidós. Buenos Aires, 1977, página 40
Rogers, Carl y Kinget G. Marian
“Psicoterapia y Relaciones Humanas”
Alfaguara. Madrid, Barcelona, 1971, página 81
Lerner, Marcelo
“Introducción a la Psicoterapia de Rogers”
Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, 1974, página 71
